¿Puedo controlar mi carácter?
¿Puedo
controlar mi carácter?
¡Hoy en día tenemos tantos problemas y
asuntos que resolver! Parece imposible que en medio de tantas preocupaciones y
contratiempos, podamos conservar la serenidad para resolver todo sin caer en la
desesperación ni afectar a los demás con nuestra impaciencia.
El valor de la serenidad nos hace
mantener un estado de ánimo apacible y sosegado aún en las circunstancias más
adversas, esto es, sin exaltarse o deprimirse, encontrando soluciones a través
de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los
problemas.
Cuando las dificultades nos aquejan
fácilmente podemos caer en la desesperación, sentirnos tristes, irritables,
desganados y muchas veces en un callejón sin salida. A simple vista el valor de
la serenidad podría dejarse sólo para las personas que tienen pocos problemas,
en realidad todos los tenemos, la diferencia radica en la manera de
afrontarlos.
La serenidad no se da con el simple
deseo, si así fuera, no tendríamos tiempo de sentirnos intranquilos o
desesperados. Usualmente reaccionamos y actuamos por impulsos, privando a
nuestra inteligencia de la oportunidad de conocer y dilucidar todas las aristas
del problema. Revisemos cuatro ideas básicas para generar serenidad en nuestro
interior:
- Evitar “encerrarse” en sí mismo:
Encontramos mejores soluciones cuando buscamos el apoyo y el consejo de
aquellas personas que gozan de nuestra confianza (los padres, un buen amigo,
algún director espiritual, un profesor, etc.) , porque sabemos de antemano que
su opinión estará siempre de acuerdo a la razón, la verdad y la justicia.
- Concentrarse en una labor o
actividad: Parece contradictorio pensar en mantener la atención rodeados de
tanta tensión y preocupación, pero es posible salir de ese estado encaminando
nuestros esfuerzos a realizar nuestras labores con la mayor perfección posible.
Lo que necesitamos es liberar nuestra mente, salir del círculo vicioso y estar
en condiciones de analizar las cosas con calma. No existe mejor distracción que
el propio trabajo y la actividad productiva.
- Gozar de la alegría ajena:
Normalmente las personas que nos rodean se percatan de nuestro estado de ánimo.
¿Por qué volvernos chocantes y agresivos? Los hijos, el cónyuge, los compañeros
de trabajo no tienen la culpa, tampoco son indolentes a nuestro sentir, simplemente
intentan hacernos pasar un momento agradable, no debemos alejarnos, ni rechazar
estas pequeñas luces que iluminan nuestro día. Escucha las anécdotas, sonríe,
ayuda a tus hijos a hacer la tarea… ¡Aprovéchalos!
- Cuidarnos físicamente: Parece
elemental y obvia esta observación, pero hay personas que se sienten afectadas
de tal modo que dejan de comer y dormir por sus preocupaciones. Todos sabemos
que las personas se vuelven más irritables ante la falta de alimento y
descanso, por lo tanto, este descuido merma nuestra capacidad de análisis y
decisión.
La serenidad hace a
la persona más dueña de sus emociones, adquiriendo fortaleza no sólo para
dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad sin afectar el trato y
las relaciones con sus semejantes
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