¿QUE LIBERTAD NECESITAMOS?



LA VERDADERA LIBERTAD CRISTIANA
¿QUE LIBERTAD NECESITAMOS?
No es fácil entender de qué se trata cuando se habla de libertad del Espíritu, libertad interior o liberación.
¿Cuándo se puede afirmar que una persona está espiritualmente liberada? ¿Significa que el que está lleno del Espíritu y por tanto, goza de una gran libertad interior, no tenga que someterse a la autoridad en la Iglesia, a las normas y orientaciones que el Pueblo de Dios recibe?
El Espíritu de Dios es siempre un Espíritu de orden y unidad.
La «gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21) es ante todo vida, unidad, orden.
La animación del espíritu debería ser la irradiación natural de cada cristiano que ha sido llamado a la libertad.
Esta libertad es a) una liberación interior de cuanto oprime y b) un caminar de acuerdo con la moción del Espíritu.
A) Liberación interior: Impresiona constatar la importancia que la Palabra de Dios concede a la libertad. Jesús, después de leer en la Sinagoga el texto de Isaías: « ... me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos ... y para dar la libertad a los oprimidos ... », afirma rotundamente: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy» (Lc 4,18-21).
Jesús ha precisado muy bien de qué esclavitud quiere liberar al hombre: muerte, pecado, tinieblas, ignorancia, enfermedad, la carne. La carne, según el lenguaje de Jesús y del Nuevo Testamento, no es lo mismo que el cuerpo. Es aquello que tanto en nuestro cuerpo, como en nuestra psique, sea pasión, deseo, sentimiento o inclinación, es contrario a la tendencia del espíritu.
A partir del bautismo, el cristianismo nacido del agua y del Espíritu, empieza a ser liberado: “la ley del Espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte» (Rro 8,2), "para ser libres nos libertó Jesucristo» (Ga 5,1), “habéis sido llamados a la libertad, sólo que no toméis de esa libertad pre¬texto para la carne» (Ga 5,13).
Libertad resulta ser equivalente a la vida del Espíritu. La acción de Jesús, la presencia del Espíritu, es esencialmente una liberación no sólo en el hombre, sino hasta en la misma creación que también espera "ser liberada de la servidumbre de la corrup¬ción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21).
Falta de libertad supone oposición, rechazo del Espíritu. Podemos estar en el mismo engaño que los judíos cuando respondían a Jesús que les presentaba la verdad para ser libres: ?”... nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?» (Jn 8,33). Todo lo que en nosotros no esté iluminado por la presencia de Jesús será zona de oscuridad, de miedo, de ignorancia, de concupiscencia, zona en la que de alguna manera sigue dominando «la ley del pecado».
Unas manifestaciones concretas de esta falta de libertad se pueden apreciar:
- En la esfera de nuestra vida espiritual: infidelidad constante, dureza de corazón, deformación de la conciencia, malos hábitos, formalismo y rutina, respeto humano, fariseísmo, etc.
- En nuestro psiquismo humano: desequilibrios emocionales o afectivos, deformaciones de carácter, estados de angustia o ansiedad, rasgos neuróticos, depresiones, timidez, miedo: cualquier tipo de afección que nos pueda aquejar, cualquier herida inveterada sin restañar, siempre serán un obstáculo que impida la fluidez de la vida del Espíritu hasta llegar a la plenitud a la que estamos llamados.
La "aspiración del Espíritu» (Rm 8,27), cuyas tendencias son «vida y paz» (Rm 8,6), es curar rápidamente en nosotros toda enfermedad espiritual, todo trauma psíquico, hasta hacernos respirar la verdadera libertad.

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